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Niurka Núñez González, Lázara Y. Carrazana Fuentes, Adrián Fundora García, María del Rosario Díaz Rodríguez, Proyecto de investigación “Antropología sociocultural en Cuba. Reconstruyendo el pasado para cimentar el futuro”. Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello/Instituto Cubano de Antropología

Esteban Krotz, uno de los protagonistas de los debates sobre las antropologías “periféricas”, reflexiona en uno de sus artículos sobre la metáfora Norte-Sur empleada para marcar las diferencias económicas y socioculturales planetarias, extendidas a las fronteras entre las tradicionales autoridades europeas y estadounidenses de la disciplina y las “antropologías del sur”. Al respecto, aunque el centro de su análisis son precisamente estas últimas, llama la atención hacia el hecho de que, en realidad, se ignora casi toda la antropología generada fuera de los “países originarios de la ciencia antropológica”, incluso entre sus propios practicantes.

Inmersos en una investigación que busca descubrir la trayectoria histórica y actual, en Cuba, de un pensamiento original de carácter antropológico, que ha pretendido explicar la mismidad –o, desde la óptica ajena, nuestra propia “otredad” colonial, neocolonial o poscolonial– y la diversidad cultural interna, así como su integración en el proceso de construcción nacional, no pudimos evitar establecer paralelos durante nuestra participación en la conferencia CASCA-Cuba: Canadá, un país norteño, pero también con una historia colonial, no figura entre los “dueños” de la antropología.

Sin embargo, como demostró el congreso, es innegable la vitalidad de la disciplina en sus predios, evidente en la multiplicidad de temas, enfoques y propuestas novedosas que colmaron los espacios de la universidad santiaguera y la casa Dranguet. De ahí, entonces, el inevitable paralelo: nos une el imperativo de rescatar, intercambiar y divulgar la historia de nuestras antropologías “sin historia”, y hasta de hacer la antropología de nuestras antropologías nacionales.

El contrapunteo propuesto se enriqueció, además, por el poder de convocatoria que atrajo a especialistas de otras procedencias, ampliando la oportunidad de compartir “múltiples voces de conocimiento”.

No hubo prácticamente ningún problema importante de las sociedades y culturas contemporáneas que escapara al análisis, por lo que hubo, a la vez, presencia de prácticamente todas las subdisciplinas y tendencias en que se desgaja hoy la antropología, incluidos los exámenes y cuestionamientos de su propia historia, sus teorías y sus prácticas, tanto investigativas como aplicadas.

Lamentablemente, como en todo evento de esta naturaleza, tras una difícil selección solo se alcanza a participar en una ínfima parte de las sesiones, aun cuando los intercambios académicos y los aprendizajes mutuos continúen más allá de estas. Para nosotros, en particular, resultó sumamente fructífero poner a debate resultados parciales de una investigación en proceso, discusión de la que salimos armados de otras perspectivas y puntos de vista diversos, y también de retos y desafíos inesperados, acicate para profundizar en nuestras búsquedas.

Debemos a la conferencia el reencuentro con algunos amigos y nuevos conocidos. Paradójicamente –aunque no tanto, si nos guiamos por la afirmación citada en el primer párrafo de este escrito–, gracias a CASCA también estrechamos los contactos con los colegas santiagueros. La propia dinámica interna centro-periferia (nuestro “norte” y nuestro “sur”) que caracteriza a casi todos los países latinoamericanos, alejando a la ciudad capital del resto del entramado urbano, no ya del territorio rural, hace que, en La Habana, se desconozca a menudo la riqueza de la producción intelectual de otras zonas de la Isla. Aunque nuestro equipo se ha propuesto conscientemente no dejarse arrastrar por esa contradictoria situación, otros factores que obstaculizan la movilidad y las relaciones entre investigadores –sobre los cuales no vale extenderse aquí– nos impiden, a veces, un intercambio más estrecho y abarcador.

Que el evento haya sido en Santiago de Cuba fue, por sí solo, una carta de triunfo a su favor. La ciudad resplandece, y el calor de su gente, no por conocido, arropa menos al visitante dondequiera que esté. Tanto en los espacios del evento, como en los alojamientos, como en los paseos por la ciudad, nos sentimos como en casa, algo que no se puede dejar de mencionar, aunque este pequeño texto se convierta en un híbrido entre breves pinceladas de reflexiones científicas y expresiones de gratitud y reconocimiento hacia todos –cubanos, canadienses o de cualquier otro lugar– los que colaboraron en el exitoso desarrollo de la conferencia y en proporcionarnos una grata e inolvidable experiencia profesional y personal.

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